Cierre de la gira nacional de GUINDAS: Teatro Nacional de San Salvador

Recomendalo!

Correr para vivir, danzar para recordar

Jennifer Valiente ||

Artista escénica y escritora salvadoreña ||

Guinda. Si dices esa palabra en El Salvador, no se piensa en una fruta, se piensa en fuga, en correr, escaparse. Las guindas de las décadas de los ochentas en El Salvador, movilizaron a cientos de personas, en su mayoría mujeres, ancianos y niños, que salían corriendo de sus casas hacia el monte, a cualquier hora del día o de la noche, con lo que llevaban puesto o lo que cabía en una bolsa o en una mochila, para escapar de los operativos de tierra arrasada que el ejército realizaba en decenas de poblados del norte y oriente del país, donde se mataba lo que se moviera y se quemaba o envenenaba lo que quedara, con el objetivo “de sacarle el agua al pez”, a la guerrilla que operaba en esos territorios.

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Cientos de personas murieron o desaparecieron así, en guinda, cientos sobrevivieron y pasaron al silencio después de los Acuerdos de Paz de 1992.

En los primeros días de mayo de 2016, tres mujeres danzan sobre el escenario del Teatro Nacional de San Salvador, no hay música, lo que hay es el sonido de un avión, algo que parece ser una “carreta” como les llamaban a los aviones que rocketeaban las zonas en conflicto. Cuando escucho el sonido, mi cuerpo se encoge como buscando dónde esconderse, no lo pienso, es un acto reflejo nada más, después de más de dos décadas el cuerpo todavía tiene memoria.

Los cuerpos de Paola Lorenzana, Adriana Ospina y Marisol Salinas, que danzan en el escenario, también tienen memoria, la de mujeres de Arcatao, población del departamento de Chalatenango, al norte de el Salvador, sobrevivientes de las Guindas de Mayo de 1982.

“Guindas”, el proyecto coreográfico que rescata esa memoria comenzó algunos años antes en el ánimo de Adriana Ospina, bailarina y sicóloga comunitaria que realizó su tesis de maestría con las mujeres de Arcatao y luego de cinco años viviendo en nuestro país, se lanzó a viajar a Suramérica, donde por esas causalidades del Universo se encontró con la coreógrafa salvadoreña Marisol Salinas, radicada desde hacía más de dos décadas en Paraguay. Juntas comenzaron a tejer en danza, la historia de estas sobrevivientes y a buscar en El Salvador, quien se sumara con su propio hilo en esta historia, así fue como Paola Lorenza se sumó al proyecto, que inició de manera virtual en 2014, con el intercambio de libros, testimonios y fotografías de las guindas, así como ideas, audios, visiones y escritos de las tres creadoras sobre lo compartido.

Las historias de Helia, Tomasa, Lita, Chana, Clarita, Eva, Mirtila, Tinita, y todas las mujeres a quienes había entrevistado Adriana, dieron vida al montaje, bajo la dirección y coreografía de Marisol, bajo el tema de las guindas. En palabras de Paola Lorenzana: “Realmente se coincidió en que la sobrevivencia, se llame como se llame en cada país donde ocurren daños a la población civil, la lucha por la sobrevivencia, es una tarea que asumen, en su mayoría, las mujeres y las repoblaciones y recuperación del entramado comunitario también. Por lo menos, fue lo observado en el tiempo desde la entrevista y confirmado en las visitas a la comunidad para compartir con las mujeres y proponerles la obra”.

En 2015, el equipo, junto al artista plástico Guillermo Araujo, viajó a Arcatao, para reunirse con el Comité de Memoria Sobreviviente de Arcatao y presentar el proyecto, así como un performance en la plaza del lugar. Helia Rivera, miembro del comité, asumió un rol protagónico para la realización del proyecto de la manera que sucedió desde el 8 de abril hasta el 6 de mayo.

En julio de 2015, se realizó el primer encuentro presencial en Paraguay, donde Marisol dirigió un proceso de laboratorio del cuerpo con Paola y Adriana; el boceto, en colaboración con Anahí Zaldívar, paraguaya, fue terminado por la salvadoreña Beatriz Barraza en forma de proyecto y gracias a ello, apoyado con fondos de Iberescena, para lograr concretarlo en el montaje de “Guindas”, estrenado la última semana de abril y primera de mayo en Arcatao, Santa Ana y San Salvador.

El esfuerzo del equipo salvadoreño, colombiano y paraguayo se trasformó en red de instituciones y artistas, como suele suceder cuando las mujeres trabajan en lo que aman y sueñan. Este equipo incluyó el talento de Mauricio D’León en un impecable trabajo de sonorización y composición musical, las luces de Franklin Interiano, ya conocido en el ámbito salvadoreño, el video de Andrea Bilbao y vestuario de Mario Benítez, un colectivo multinacional, apoyado por un productor de cada uno de los países participantes.

Hablar de nuestro dolor, de nuestra memoria, a través de la belleza, de la imagen y del movimiento, resulta refrescante en el medio salvadoreño, donde la polarización partidaria, la estrechez ideológica y la violencia cotidiana parecen ahogar todo discurso crítico. Que las protagonistas de la historia tengan la ocasión de ver el producto del encuentro de artistas y testimonios, nos ayuda a reflejarnos, a comprendernos, a tener la oportunidad de cerrar capítulos de duelo y seguir adelante.

Como lo comenta Paola: “[…] me di cuenta que caí en el juego del olvido. Leyendo la historia, analizándola y opinando, haciendo cosas desde el arte, la docencia y la comunicación, pero olvidando que las protagonistas que siguen haciendo cosas maravillosas, revolucionarias y transformadoras podían estar vivas en algún lado de este país… Y eso me regaló este montaje: me regaló a unas mamás, me hizo repensar la maternidad en cuanto a madre tierra, donde germinan semillas de amor y hacen posible la solidaridad, la vida digna y el arte”.

“Guindas” sigue un viaje incierto ante la falta de recursos para atender los compromisos restantes en Paraguay, Colombia, México y España, sin embargo, sus creadoras continuarán en el esfuerzo por continuar danzando para no olvidar.

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